16 de febrero de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 78 - Hoy hace 18 años

Hoy hace 18 años, en una pequeña habitación del hospital Virgen de la Concha, en la humilde ciudad de Zamora, nacía un niño: uno más para las estadísticas pero el primero para su familia. El reloj de la sala de espera marcaba las seis y diez de la madrugada cuando la enfermera le dio a su padre la buena nueva. Aunque las primeras palabras que éste le dedicó a su retoño fueron "Joder, que niño más feo". Y es que su padre, al igual que se mostraría él más adelante, era un tipo singular. Así pues, aquel 16 de Febrero de 1988 quedó marcado en la agenda de esa familia. Curiosamente era Martes de Carnaval y alguien, en aquella sala, mencionó: "te saldrá carnavalero". Nadie recuerda quien dijo aquello pero si hay algo seguro es que profetizar no era lo suyo.

El crío se convirtió en una fuente de alegría para toda familia, como suele suceder en estos casos. Sus padres estaban felices con el y las abuelas aprovechaban cualquier oportunidad para presumir de su primer nieto. Por aquella época era el centro de atención, el niño mimado; y apuesto a que le gustaba. No había acabado aquel año 88 cuando ya había probado la dureza de la vida: su madre tuvo un accidente de coche el día de Nochebuena que, milagrosamente, solo quedó en una pierna rota y un Seat 127 para el arrastre. Meses mas tarde fue él quien, haciendo sus pinitos en el mundo del alpinismo, consiguió hacer cumbre en la camilla del salón. Pero el descenso fue complicado y acabó de bruces en el suelo y con un brazo roto.

Durante su infancia, el niño demostró cierto interés por entender todo aquello que no entendía y se pasaba todo el día preguntando. Su madre lo llamaba cariñosamente "la versión masculina de Mafalda". Famosas en las comidas familiares son las anécdotas que cuenta su madre sobre su mente despierta, como cuando en un bar un señor intentó quitarle un periódico reprochándole que el periódico no era para mirar las fotos sino para los que sabían leerlo y el niño, con sus cinco años recién cumplidos y a la orden de su madre, leyó una noticia de sucesos sobre la muerte de 4 personas en un accidente de tráfico mientras el hombre volvió a su lugar con el rabo entre las piernas; o como a los 6 años y antes de llegar a la escuela ya disfrutaba sacando las pruebas de números en el programa de Cifras y Letras. Y es que el chico parecía listo.

En el colegio no tuvo excesivos problemas para hacer amigos. En aquellos primeros años era de los graciosos de la clase y tenía una cierta predilección por decir estupideces cuyo único fin era el de causar alguna que otra risa. Siguió demostrando buenas aptitudes en los estudios y la psicóloga del colegio se empeñó en hacer de este muchacho motivo de estudio llegando a la conclusión de que, efectivamente, la inteligencia se podría contar entre una de sus cualidades. Aunque el siempre prefirió explicarlo como que simplemente procuraba "pensar las cosas antes de hacerlas o decirlas".

Los veranos de aquella época los pasaba en su pueblo (el pueblo donde nació y vivió su madre porque, como decía su padre “si fuera nuestro ya lo habríamos vendido”), disfrutando de la libertad que allí se le concedía, lo que contrastaba con el acérrimo odio que se generaría unos años más tarde y con que la libertad de antaño se había convertido ahora en reclusión. Este cambio sería un buen ejemplo de cómo fue evolucionando la visión que tenía sobre el mundo.

A medida que iba creciendo e iba sumando años a su casillero, los cambios de la adolescencia se hicieron patente en él. Poco a poco se fue planteando las dudas existenciales que todos nos hemos planteado alguna vez: ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? ¿A dónde vamos? Estas dieron paso a otras más sustanciales a las que aún no ha encontrado respuesta y que, como bien sabe, es difícil que se la encuentre. Mientras tanto disfrutaba de la vida, unos días más y otros menos. El amor se burló de él, poniendo en sus labios su dulce néctar para luego quitárselo, como si de un caramelo se tratase y él fuese el niño que, entre sollozos, siente como ha perdido una parte de su corazón. Lástima que los niños olviden tan pronto. Pero sabe que, algún día, da igual que sea lejano pues la paciencia también se cuenta entre sus virtudes, volverán a verse frente a frente, y mirándole a los ojos él vencerá.

Y, a grandes rasgos, ésta es la historia de su vida. Breve, con muchas anécdotas aun por contar y con situaciones de su pasado que están por desvelar que a buen seguro llenaran muchas líneas en estas anotaciones en el margen de página del cuaderno de la vida, pero que expresa lo que él piensa: que todos estos años han merecido la pena. Hoy es un chico sencillo, tímido, dubitativo, que rehuye de hablar de si mismo o de sus propios logros, aunque pone una sonrisa de agradecimiento cada vez que recibe un halago o una felicitación. Ya no es tan lanzado y charlatán como en su infancia, ahora prefiere escuchar a los demás y callar, pues reconoce que sólo así se aprenden cosas que no están en los libros; y sólo habla cuando tiene algo realmente interesante que decir, de lo contrario calla (aunque de vez en cuando diga estupideces, pues aquel que sólo diga cosas inteligentes acabará siendo un estúpido). Procura ser educado y políticamente correcto con las personas y jamás hace nada que no haya pensado dos veces mínimo, de lo cual en ocasiones se arrepiente pues reconoce que le falta el aplomo para dar un paso adelante sin pensarlo.

En el fondo es un buen chico, con sus defectos (que son muchos) y con sus virtudes (que no son tantas), o al menos eso intenta. Hoy le ha dado por escribir sobre su vida dentro del baúl donde guarda sus pensamientos y donde todo aquel que quiera puede leerlos. Hoy, este chico, que es quien les ha contado todo esto, aprovecha su cumpleaños y este humilde espacio del mundo para decirles una cosa.


GRACIAS


¡Es que a mí se me valora cuando se me conoce interiormente!

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