Cuaderno de Bitácora, Día 108 - Lágrimas sobre el papel, risas que se las lleva el viento
No somos nadie. Es curioso lo que esta frase significa. Suele venir precedida por malas noticias y su significado es incongruente, aunque eso ahora no me importa. Lo que me importa es lo que esa frase significa para mí. Porque ayer significa que, si no somos nadie, entonces es que somos algo o alguien, es decir, nuestra existencia tiene sentido. Pero hoy sin embargo, no somos nadie significa que efectivamente, somos efímeros e insignificante, que la vida no es más que un paréntesis entre una nada y otra nada. No somos más que meras acotaciones. Ayer, me levantaba con el pie derecho y una sonrisa como manera de decir buenos días. Hoy sin embargo las banderas de mi ilusión ondean a media asta y miro al mundo con ojos resignados, tristes, melancólicos. ¿Y mañana? Quien sabe. Lo jugaré a cara o cruz.
No se porqué escribo esto. Miento. Sí se porqué lo escribo, porque quiero escribirlo. He dejado a un lado los razonamientos, las deducciones y la lógica. Aquí y ahora simplemente pienso y escribo, diciendo lo que quiero decir. Y quiero decir que no se que quiero decir. Se que es difícil entenderme, pues ni yo mismo soy capaz de comprender en muchos casos. Me siento atrapado en una marea de sentimientos y emociones, tan distintas, tan dispares... Lo que ayer era blanco se transforma hoy en negro y mañana puede que vuelva a ser blanco o puede que siga siendo negro. Lo que ayer veía con claridad, con seguridad, con lucidez hoy se transforma en oscuridad, en dudas, en preguntas sin respuesta. La alegría de ayer es hoy tristeza y Dios sabe que será mañana. Ayer sabía que ganaría y hoy agacho la cabeza y escondo la mirada, porque no quiero que nadie vea en mis ojos el amargo sabor de la derrota. Estoy confuso. Demasiado. Podría pasarme horas y horas hablando y, sin embargo, a cada palabra que escribo siento que cada vez hay más pensamientos, más ideas que surgen dentro de mi.
Ahora es el dulce canto del sueño el que se apodera de mi. Necesito escapar de esta realidad, dejar a un lado todas las preocupaciones y vagar por el universo de los sueños, donde todo puede pasar, donde algunas de nuestras ilusiones se hacen realidad por un momento, aunque a la mañana siguiente nos demos cuenta de que no son más que eso: ilusiones. He de ir a reponer fuerzas, porque mañana tendré que levantarme como todos los días y he de tener el valor y el aplomo necesarios para afrontar la tirada de la moneda del destino. Cara o cruz.

No se porqué escribo esto. Miento. Sí se porqué lo escribo, porque quiero escribirlo. He dejado a un lado los razonamientos, las deducciones y la lógica. Aquí y ahora simplemente pienso y escribo, diciendo lo que quiero decir. Y quiero decir que no se que quiero decir. Se que es difícil entenderme, pues ni yo mismo soy capaz de comprender en muchos casos. Me siento atrapado en una marea de sentimientos y emociones, tan distintas, tan dispares... Lo que ayer era blanco se transforma hoy en negro y mañana puede que vuelva a ser blanco o puede que siga siendo negro. Lo que ayer veía con claridad, con seguridad, con lucidez hoy se transforma en oscuridad, en dudas, en preguntas sin respuesta. La alegría de ayer es hoy tristeza y Dios sabe que será mañana. Ayer sabía que ganaría y hoy agacho la cabeza y escondo la mirada, porque no quiero que nadie vea en mis ojos el amargo sabor de la derrota. Estoy confuso. Demasiado. Podría pasarme horas y horas hablando y, sin embargo, a cada palabra que escribo siento que cada vez hay más pensamientos, más ideas que surgen dentro de mi.
Ahora es el dulce canto del sueño el que se apodera de mi. Necesito escapar de esta realidad, dejar a un lado todas las preocupaciones y vagar por el universo de los sueños, donde todo puede pasar, donde algunas de nuestras ilusiones se hacen realidad por un momento, aunque a la mañana siguiente nos demos cuenta de que no son más que eso: ilusiones. He de ir a reponer fuerzas, porque mañana tendré que levantarme como todos los días y he de tener el valor y el aplomo necesarios para afrontar la tirada de la moneda del destino. Cara o cruz.


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