15 de abril de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 136 - Escribiendo

Ay. Joder, cada vez me cuesta más escribir. Últimamente pasa mucho tiempo entre reflexión y reflexión en este rincón, y de las muchas conclusiones que puedo (podeis, podemos) sacar de ello, muchas de ellas son negativas o, al menos, no me satisfacen. Creo que estoy buscando la belleza de la palabra (al menos, la belleza que yo como novel literato puedo sacarle) antes que la esencia y eso es incongruente con el título de este blog. Y sobre todo, es incongruente con mi propio pensamiento lo que es una gran ofensa de mí hacia mí. Por eso viene bien, de vez en cuando, pararse un momento a reflexionar, bajarse del mundo, poner (o al menos intentar) las ideas en orden (teniendo en cuenta que las ideas carecen de orden, son caóticas). Pero también viene bien, cuando ya llevamos un tiempo reflexionando, el dejar de pensar y correr un rato la vida, el ganar experiencia ahí afuera y luego afrontar nuestros pensamientos desde otro punto de vista.

Así que eso es lo que he hecho. Ponerme a correr un rato, que me hacía falta. Vivir simplemente por vivir, sin un motivo claro, definido; simplemente vivir. Hacer las cosas que todo el mundo hace (mejor dicho, seguir haciéndolas), pero esta vez sin preocuparme por la moralidad, por mi propia moral. Hacer cosas que siempre he criticado sin tener remordimiento de conciencia o sentirme mal por ello. Porque el hombre es así, perfecto a sus propios ojos, imperfecto a los ojos de los demás. Es decir, errar entra dentro de su condición. Y yo no sólo admito que he errado, sino que, además, lo he hecho por voluntad propia. Ya tendré (tengo) tiempo de criticarme una temporada, que también lo necesito.

De todas maneras, lo que yo quería hoy era escribir, simplemente, lo que me enrrollo como las persianas. Porque todo el mundo sabe que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta (el segmento recto) pero yo prefiero la espiral, porque das todos los rodeos que quieras y es infinita, puedes llegar hasta donde quieras. Quería contar que amo los sueños, por lo cabrones que son al rememorarte penas lejanas que ya creias enterradas; que tengo dieciocho años y ya sufro de añoranza de mi niñez, de viejos recuerdos que ya no volverán (bueno, siempre quedan los sueños); que a veces no entiendo porque no soy capaz de entender que jamás llegare a entender el mundo, por muy grande que sea la espiral que trace; que soy un loco (sin colina) más en este mundo del revés; que no le tengo miedo a la muerte y si se lo tengo a la vida, porque en la muerte no puedes equivocarte y sí en la vida y que encontré la esencia de la vida, la guardé, y ahora he perdido la caja (pero tranquilos, no cambiare el nombre a "Buscando la caja que contiene la esencia de la vida"). Todo eso quería contar y ya está contado, así que no hay motivos para seguir escribiendo pues "Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento". No es mía, es de Voltaire, y no le he preguntado si me deja ponerla aquí así que no le digais nada, por favor.


2 Comments:

Blogger Just Me said...

Hola! de recorrido por el blog....
Interesantes palabras, parece ser que la esencia de la vida lo tiene un tanto acongojado.. pero... ¿a quien no?... Ya seguiremos encontrando (o no) respuestas... Por lo rpotno volvere de visita por estos terrunos..

lunes, abril 17, 2006 5:57:00 a. m.  
Blogger Lena said...

A veces darle demasiadas vueltas a las cosas y hacer excesivas reflexiones no trae más que malas decisiones o disgustos... Quizas tengamos que ser un poco más impulsivos, tal vez el camino o la respuesta buscada surja de la nada...
Besos,
Lena.

miércoles, abril 19, 2006 2:35:00 p. m.  

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