26 de diciembre de 2005

Cuaderno de Bitácora, Día 26 - "Feliz Navidad"

Lo primero, y aunque después de que haya escrito todo lo que ahora mismo pienso escribir puede que suene incongruente, es lo primero: Feliz Navidad. Lo siguiente es dejar a un lado el ejercicio de mi egoísmo desmedido que vengo practicando últimamente hablando sólo de mi y de mis circunstancias para abrir un poco los ojos y, en mi tónica habitual, hacerme unas cuantas preguntas.

Hoy hace un año que La Tierra nos dio un aviso. Un aviso en el que se llevó consigo la vida de 216.000 personas. O de 250.000 personas. O de 190.000. ¿Quién sabe? ¿Que más da 50.000 personas arriba o abajo? ¿Cambiaría en algo nuestra respuesta emocional por 50.000 muertos más o menos? "La muerte de una persona es una tragedia, la muerte de miles es sólo estadística", una gran frase que se atribuye, (he ahí lo sarcástico), a Joseph Stalin.

Sin embargo, y a pesar del elevado número de víctimas mortales que se dejó el maremoto, éste ha tenido una repercusión menor que un atentado terrorista. Nos manifestamos en contra de los atentados del 11-S, del 11-M o del 7-J, en contra de los asesinos que llevaron a cabo tales descabelladas masacres. En cambio, ¿contra quien nos manifestamos en el caso que nos atañe? ¿Quién es el culpable? La respuesta parece clara, es decir, viene dada en la naturaleza del fenómeno natural, por tanto, valga la redundancia, el culpable o la culpable sería en este caso La Naturaleza. Y cómo nos vamos a manifestar en contra de La Naturaleza. Pero entonces, ¿podemos considerar que las 230.000 personas murieron a causa de un “capricho del destino”? ¿Podemos decir “estaba escrito” seguido de un punto y final y darlo todo por zanjado? Tal vez…

Pero llegó el 2005. Un año que arrastraba la pesada losa que suponía esta catástrofe, sucedida a escasos 5 días del comienzo del nuevo año. Un año en el que esperábamos que lo del Sureste Asiático sólo hubiese sido un “capricho del destino”. Pero, ¡ay!, cuán caprichoso es el destino. Este 2005, entre huracanes y terremotos, se nos han ido otras 350.000 personas. Y no hay distinciones a los ojos de la naturaleza, pues flotaban igual los cadáveres entre los escombros de lo poco que ha quedado en los pueblos afectados de Centroamérica que entre las lujosas calles de Nueva Orleáns, una de las míticas urbes estadounidenses. Ésta ha sido la temporada de huracanes más larga y violenta de la historia, una de las más prolíficas en lo que a seísmos se refiere (el de las costas de Indonesia fue el mayor de los últimos 40 años), las sequías que han afectado a las partes secas del planeta han sido extremas, el deshielo de los polos continúa su avance impertérrito… todo ello causa del famoso “calentamiento global” y del gran daño que le estamos haciendo a La Tierra. No soy un ecologista, de hecho ni siquiera estoy cerca de serlo, simplemente me considero un realista. Para muestra un botón: en la última década Europa ha sufrido la mayor alteración climática de los últimos 5.000 mil años.

Así que, un año después de la tragedia y después de todo lo sucedido a lo largo del año, cabe hacerse una pregunta: ¿casualidad? Visto lo visto, no. Nos estamos cargando el planeta y, con él, nos estamos matando a nosotros mismo. Porque no nos engañemos, la catástrofe que hoy conmemoramos sí tiene culpables y no se encuentran en tierras lejanas, porque somos nosotros. Contaminando el planeta, lo único que logramos es que sucesos como éste se repitan en un futuro y que, gracias a nuestro esfuerzo por dañar todo lo posible a La Tierra provoquemos éstos avisos del planeta y estas masacres en masa. O cambiamos pronto o esto no será más que un punto y seguido.

P.D. Feliz Navidad

17 de diciembre de 2005

Cuaderno de Bitácora, Día 17 - Mundos paralelos

Es tarde, pero mantengo una férrea batalla contra el sueño para poder trazar esbozos de mis pensamientos, que, no se por qué, siempre parecen aparecer más fácilmente a estas horas. Será (mejor dicho, es) porque acabo de llegar de ese mundo que tanto odio pero al que tanto intento aferrarme. Ese mundo en el que las personas se transforman en sombras de lo que realmente son, aunque ellos creen que es cuando realmente se realizan como personas. O tal vez sean ellos los que tengan razón y, en verdad, es este mundo donde aparecen las verdaderas personas y en el otro simplemente son sombras de lo que son. Sea lo que sea, yo también soy uno de ellos. Y también he de admitir que, me guste o no, aun sigo agarrándome a ese mundo, sin saber muy bien como ni porque. Es un verdadero dilema que me trae de cabeza y que ni siquiera yo soy capaz de explicarlo. Es como si me encontrase en una encrucijada de caminos en la que todos parecen igual de buenos, pero al final cada uno lleva a un sitio distinto. No se. Estoy confuso. He de reflexionar.

8 de diciembre de 2005

Cuaderno de Bitácora, Día 8 - Necio es mi nombre

Estoy confuso. Pero no por algo en general sino por todo en particular. Es una sensación extraña, me impulsa a cuestionarme todo lo cuestionable y a buscarle un sentido profundo a todo y a todos. Creo que estoy buscando la esencia de la vida (que no el sentido), pero ya ni siquiera se si eso es cierto. Tal vez sólo sea un gilipollas que intenta buscar una respuesta a sus temores y a sus miedos, o que simplemente quiere llamar la atención de los demás sin un motivo aparente. De momento, y hasta que no se demuestre lo contrario, prefiero verme como un buscador que como un farsante.
¿Que porqué digo ésto? Buena pregunta. Las buenas preguntas son aquellas de las que no conocemos la respuesta y sabemos que nos costará trabajo encontrarla, pero que al final llegaremos a descubrir. El caso es que me surgen una enorme cantidad de buenas preguntas, y todas ellas acaban chocando contra el mismo muro: no se. Y yo necesito respuestas, así que no me queda más remedio que buscarlas. Es curioso, pero cada día que pasa entiendo mejor esa famosa frase de Sócrates: "Solo se que no se nada", porque en el fondo nada se. Así que aquí ando, divagando en la soledad sobre todo sin conseguir nada claro. Y así seguire, volviendome loco a cada día que pasa ("Dichosos los locos pues en ellos radica la esencia de la verdadera sabiduría"©). O quien sabe, tal vez ya este loco.

P.D. Acabo de llegar de ver Harry Potter. ¿Os imaginais si el chico fuese español? Probablemente lo maltratarian en el colegio, le pegarían y harían de su vida un infierno. El chico no se atrevería a denunciarlo y acabaría tirándose por un puente o matándose de alguna otra forma. La noticia como tal vendría en las páginas de sucesos del periódico, pero las declaraciones de los políticos nos salpicarían durante los quince días siguientes, bombardeándonos con promesas a incumplir y decisiones que nunca tomarán (a las pruebas me remito). Maldita sociedad.

4 de diciembre de 2005

Cuaderno de Bitácora, Día 4 - Filosofando (O haciendo algo que se parece)

Creo no ser quien quiero ser, tampoco soy quien me gustaría llegar a ser (pues entonces no tendría sentido intentar ser lo que ya soy) aunque se que realmente tampoco soy quien no quiero ser. Así que la pregunta es clara: ¿que soy? O mejor: ¿quién soy? Espero que sólo sea una crisis de personalidad pasajera, alguna paranoia fruto de la hora y del sueño. Pero tal vez no. Tal vez esta búsqueda de un lugar en el mundo, un lugar en esta jodida sociedad tenga algún significado. Recuerdo cuando era niño y jugabamos a las sillas musicales. Sonaba la música y, cuando paraba, todos teniamos que intentar sentarnos en una silla, hasta que uno se quedaba sin sitio y era eliminado. Tal vez todo esto sólo sea un juego. Pero, de todas formas, a mi no me gusta perder. En fin... podría ser peor. O no. No se. Y, si yo no lo se, ¿quien lo va a saber?...

1 de diciembre de 2005

Cuaderno de Bitácora, Día 1 - Inauguración

Buenas. Mejor dicho: Buenaaaas. Me habría gustado empezar a lo grande, con unas fastuosas celebraciones y publicando un ensayo digno de los grandes pensadores, pero precisamente éstos (y más concretamente el heleno Aristóteles) han querido ponerme mañana un exámen (el cuál, como no es de extrañar, aún no he empezado). Así pues, sin imaginación ni chispa, y con la mente puesta en la puerta que he de abrir mañana camino de mi destino, he de conformarme con esta fugaz inauguración, diciendo que en este sítio, efímero para el mundo pero vital para mi existencia, haré la única cosa que se me da relativamente bien: pensar.