Cuaderno de Bitácora, Día 26 - "Feliz Navidad"
Lo primero, y aunque después de que haya escrito todo lo que ahora mismo pienso escribir puede que suene incongruente, es lo primero: Feliz Navidad. Lo siguiente es dejar a un lado el ejercicio de mi egoísmo desmedido que vengo practicando últimamente hablando sólo de mi y de mis circunstancias para abrir un poco los ojos y, en mi tónica habitual, hacerme unas cuantas preguntas.
Hoy hace un año que La Tierra nos dio un aviso. Un aviso en el que se llevó consigo la vida de 216.000 personas. O de 250.000 personas. O de 190.000. ¿Quién sabe? ¿Que más da 50.000 personas arriba o abajo? ¿Cambiaría en algo nuestra respuesta emocional por 50.000 muertos más o menos? "La muerte de una persona es una tragedia, la muerte de miles es sólo estadística", una gran frase que se atribuye, (he ahí lo sarcástico), a Joseph Stalin.
Sin embargo, y a pesar del elevado número de víctimas mortales que se dejó el maremoto, éste ha tenido una repercusión menor que un atentado terrorista. Nos manifestamos en contra de los atentados del 11-S, del 11-M o del 7-J, en contra de los asesinos que llevaron a cabo tales descabelladas masacres. En cambio, ¿contra quien nos manifestamos en el caso que nos atañe? ¿Quién es el culpable? La respuesta parece clara, es decir, viene dada en la naturaleza del fenómeno natural, por tanto, valga la redundancia, el culpable o la culpable sería en este caso La Naturaleza. Y cómo nos vamos a manifestar en contra de La Naturaleza. Pero entonces, ¿podemos considerar que las 230.000 personas murieron a causa de un “capricho del destino”? ¿Podemos decir “estaba escrito” seguido de un punto y final y darlo todo por zanjado? Tal vez…
Pero llegó el 2005. Un año que arrastraba la pesada losa que suponía esta catástrofe, sucedida a escasos 5 días del comienzo del nuevo año. Un año en el que esperábamos que lo del Sureste Asiático sólo hubiese sido un “capricho del destino”. Pero, ¡ay!, cuán caprichoso es el destino. Este 2005, entre huracanes y terremotos, se nos han ido otras 350.000 personas. Y no hay distinciones a los ojos de la naturaleza, pues flotaban igual los cadáveres entre los escombros de lo poco que ha quedado en los pueblos afectados de Centroamérica que entre las lujosas calles de Nueva Orleáns, una de las míticas urbes estadounidenses. Ésta ha sido la temporada de huracanes más larga y violenta de la historia, una de las más prolíficas en lo que a seísmos se refiere (el de las costas de Indonesia fue el mayor de los últimos 40 años), las sequías que han afectado a las partes secas del planeta han sido extremas, el deshielo de los polos continúa su avance impertérrito… todo ello causa del famoso “calentamiento global” y del gran daño que le estamos haciendo a La Tierra. No soy un ecologista, de hecho ni siquiera estoy cerca de serlo, simplemente me considero un realista. Para muestra un botón: en la última década Europa ha sufrido la mayor alteración climática de los últimos 5.000 mil años.
Así que, un año después de la tragedia y después de todo lo sucedido a lo largo del año, cabe hacerse una pregunta: ¿casualidad? Visto lo visto, no. Nos estamos cargando el planeta y, con él, nos estamos matando a nosotros mismo. Porque no nos engañemos, la catástrofe que hoy conmemoramos sí tiene culpables y no se encuentran en tierras lejanas, porque somos nosotros. Contaminando el planeta, lo único que logramos es que sucesos como éste se repitan en un futuro y que, gracias a nuestro esfuerzo por dañar todo lo posible a La Tierra provoquemos éstos avisos del planeta y estas masacres en masa. O cambiamos pronto o esto no será más que un punto y seguido.
P.D. Feliz Navidad
Hoy hace un año que La Tierra nos dio un aviso. Un aviso en el que se llevó consigo la vida de 216.000 personas. O de 250.000 personas. O de 190.000. ¿Quién sabe? ¿Que más da 50.000 personas arriba o abajo? ¿Cambiaría en algo nuestra respuesta emocional por 50.000 muertos más o menos? "La muerte de una persona es una tragedia, la muerte de miles es sólo estadística", una gran frase que se atribuye, (he ahí lo sarcástico), a Joseph Stalin.
Sin embargo, y a pesar del elevado número de víctimas mortales que se dejó el maremoto, éste ha tenido una repercusión menor que un atentado terrorista. Nos manifestamos en contra de los atentados del 11-S, del 11-M o del 7-J, en contra de los asesinos que llevaron a cabo tales descabelladas masacres. En cambio, ¿contra quien nos manifestamos en el caso que nos atañe? ¿Quién es el culpable? La respuesta parece clara, es decir, viene dada en la naturaleza del fenómeno natural, por tanto, valga la redundancia, el culpable o la culpable sería en este caso La Naturaleza. Y cómo nos vamos a manifestar en contra de La Naturaleza. Pero entonces, ¿podemos considerar que las 230.000 personas murieron a causa de un “capricho del destino”? ¿Podemos decir “estaba escrito” seguido de un punto y final y darlo todo por zanjado? Tal vez…
Pero llegó el 2005. Un año que arrastraba la pesada losa que suponía esta catástrofe, sucedida a escasos 5 días del comienzo del nuevo año. Un año en el que esperábamos que lo del Sureste Asiático sólo hubiese sido un “capricho del destino”. Pero, ¡ay!, cuán caprichoso es el destino. Este 2005, entre huracanes y terremotos, se nos han ido otras 350.000 personas. Y no hay distinciones a los ojos de la naturaleza, pues flotaban igual los cadáveres entre los escombros de lo poco que ha quedado en los pueblos afectados de Centroamérica que entre las lujosas calles de Nueva Orleáns, una de las míticas urbes estadounidenses. Ésta ha sido la temporada de huracanes más larga y violenta de la historia, una de las más prolíficas en lo que a seísmos se refiere (el de las costas de Indonesia fue el mayor de los últimos 40 años), las sequías que han afectado a las partes secas del planeta han sido extremas, el deshielo de los polos continúa su avance impertérrito… todo ello causa del famoso “calentamiento global” y del gran daño que le estamos haciendo a La Tierra. No soy un ecologista, de hecho ni siquiera estoy cerca de serlo, simplemente me considero un realista. Para muestra un botón: en la última década Europa ha sufrido la mayor alteración climática de los últimos 5.000 mil años.
Así que, un año después de la tragedia y después de todo lo sucedido a lo largo del año, cabe hacerse una pregunta: ¿casualidad? Visto lo visto, no. Nos estamos cargando el planeta y, con él, nos estamos matando a nosotros mismo. Porque no nos engañemos, la catástrofe que hoy conmemoramos sí tiene culpables y no se encuentran en tierras lejanas, porque somos nosotros. Contaminando el planeta, lo único que logramos es que sucesos como éste se repitan en un futuro y que, gracias a nuestro esfuerzo por dañar todo lo posible a La Tierra provoquemos éstos avisos del planeta y estas masacres en masa. O cambiamos pronto o esto no será más que un punto y seguido.
P.D. Feliz Navidad
