30 de abril de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 151 - Fiebre del sábado noche

Vaya mierda de título para un artículo. No tengo fiebre (si acaso sueño), no es sábado y, por tanto, tampoco es sábado noche. Si acaso domingo de madrugada. Así que esta reflexión debería titularse "Sueño del domingo de madrugada"...

Pero no pienso cambiarlo. Porque hoy quería hablar de la fiebre que nos entra a todos los sábados por la noche. Y cuando digo sábado por la noche quiero decir aquellos momentos en los que salimos de fiesta. Alcohol y drogas están a la orden del día, paseándose por aquí y por allá como si estuvieran en su casa (y de hecho lo están). La gente cambia, no nos comportamos igual un día normal a las 5 de la tarde que un sábado por la noche a las 3 de la mañana. El comportamiento es distinto, pero ¿y las personas? ¿Somos la misma persona a las 5 de la tarde de un dia normal que a las 3 de la mañana de un sábado-domingo? Es decir: ¿pensamos igual? ¿actuamos igual? A veces, entre trago y trago, me da por echar un vistazo al mundo, y el mundo me devuelve la mirada, una mirada de reproche e indiferencia. Me muestra que si, las personas siguen siendo las mismas en el sentido estricto de la palabra, pero que actuan bajo un disfraz. O tal vez lo unico que hagan sea quitárselo. Creo haber hablado de ello con anterioridad, incluso creo haber intentado explicarselo a un gran amigo parafraseando una parte de una canción de Nach Scratch "Algunos buscan movida ya de madrugada, y tienen algo de que hablar durante la semana." Veo a esas gentes y pienso en lo estúpidas que son, en un simple producto de la sociedad.

Y entonces miro al fondo de mi vaso y es donde me veo a mí. Allí abajo mi reflejo me devuelve la mirada y me dice, con una mirada convencida, que yo soy el más estúpido. Un "ignorante de la vida", alguien que sabe donde está el norte, pero no sabe a donde quiere ir. Alguien que no sabe cuando ni donde debe dar un paso hacia adelante y que cuando lo da, se equivoca. Y alguien al que, al igual que al chico de mi ventana, se le han acabado las palabras, porque no sabe que decir. Me voy a soñar (este domingo de madrugada), tal vez sea la unica manera de encontrarle el camino a mi vida.








"¿Y Dios habrá patentado esta idea del manicomio redondo?"

15 de abril de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 136 - Escribiendo

Ay. Joder, cada vez me cuesta más escribir. Últimamente pasa mucho tiempo entre reflexión y reflexión en este rincón, y de las muchas conclusiones que puedo (podeis, podemos) sacar de ello, muchas de ellas son negativas o, al menos, no me satisfacen. Creo que estoy buscando la belleza de la palabra (al menos, la belleza que yo como novel literato puedo sacarle) antes que la esencia y eso es incongruente con el título de este blog. Y sobre todo, es incongruente con mi propio pensamiento lo que es una gran ofensa de mí hacia mí. Por eso viene bien, de vez en cuando, pararse un momento a reflexionar, bajarse del mundo, poner (o al menos intentar) las ideas en orden (teniendo en cuenta que las ideas carecen de orden, son caóticas). Pero también viene bien, cuando ya llevamos un tiempo reflexionando, el dejar de pensar y correr un rato la vida, el ganar experiencia ahí afuera y luego afrontar nuestros pensamientos desde otro punto de vista.

Así que eso es lo que he hecho. Ponerme a correr un rato, que me hacía falta. Vivir simplemente por vivir, sin un motivo claro, definido; simplemente vivir. Hacer las cosas que todo el mundo hace (mejor dicho, seguir haciéndolas), pero esta vez sin preocuparme por la moralidad, por mi propia moral. Hacer cosas que siempre he criticado sin tener remordimiento de conciencia o sentirme mal por ello. Porque el hombre es así, perfecto a sus propios ojos, imperfecto a los ojos de los demás. Es decir, errar entra dentro de su condición. Y yo no sólo admito que he errado, sino que, además, lo he hecho por voluntad propia. Ya tendré (tengo) tiempo de criticarme una temporada, que también lo necesito.

De todas maneras, lo que yo quería hoy era escribir, simplemente, lo que me enrrollo como las persianas. Porque todo el mundo sabe que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta (el segmento recto) pero yo prefiero la espiral, porque das todos los rodeos que quieras y es infinita, puedes llegar hasta donde quieras. Quería contar que amo los sueños, por lo cabrones que son al rememorarte penas lejanas que ya creias enterradas; que tengo dieciocho años y ya sufro de añoranza de mi niñez, de viejos recuerdos que ya no volverán (bueno, siempre quedan los sueños); que a veces no entiendo porque no soy capaz de entender que jamás llegare a entender el mundo, por muy grande que sea la espiral que trace; que soy un loco (sin colina) más en este mundo del revés; que no le tengo miedo a la muerte y si se lo tengo a la vida, porque en la muerte no puedes equivocarte y sí en la vida y que encontré la esencia de la vida, la guardé, y ahora he perdido la caja (pero tranquilos, no cambiare el nombre a "Buscando la caja que contiene la esencia de la vida"). Todo eso quería contar y ya está contado, así que no hay motivos para seguir escribiendo pues "Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento". No es mía, es de Voltaire, y no le he preguntado si me deja ponerla aquí así que no le digais nada, por favor.