17 de mayo de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 168 - "La intolerancia me provoca sarpullidos"

Me gusta esa frase. Y está mal que yo lo diga, porque es mía. Se me ocurrió esta tarde, en la calle, pensando. En efecto, aunque mucha gente crea lo contrario, pensar (reflexionar) e ir por la calle son compatibles (aunque tampoco conviene abusar). Pues eso, que iba yo divagando con mis temas; aunque en realidad no eran mios, simplemente criticaba un hecho actual, cercano a mi núcleo social y muy de moda los últimos días (joder, que enigmático). Un hecho en el que no voy a entrar en detalles, porque no merece la pena, y porque no es relevante para lo que quiero decir (si es que a este paso quiero decir algo, porque me enrollo más que las persianas).

El caso es que la frase (la del título, por si alguno se había perdido) define en gran medida lo que pienso, por lo menos a grandes rasgos. Vivimos en un mundo de radicalismos, extremismos y egocentrismos; un mundo de violencia, conflictos y enfrentamientos. El radical no entiende de posturas, entiende de su postura. Y todo lo que se aleje de él será odiado de manera directamente proporcional a la distancia que se encuentre de dicha postura. Por eso dos extremos extienden su odio hasta que se encuentran en el centro, donde chocan y provocan enfrentamientos. Y claro, nos tiene que pillar en medio a los tolerantes (o al menos a los que intentamos serlo, porque todavía me queda un trecho para ser tolerante 100%). Te intentas mantener alejado de ambos bandos, pero cuando ocurre te pillan en medio. Manda huevos.

Pero la siguiente vez intentas hacer algo. Decides hablar, dialogar, razonar. "Nadie puede negar lo evidente" piensas. "Seguro que abordar las cosas con lógica y diálogo mejorará la situación". Pero nó. Ja. La intolerancia hace años que se vacuna contra los razonamientos. Le rebotan. Y lo que es peor: la cabrean, la hacen salir a la luz (otra vez). Tu intentas hacer ver a una persona intolerante que existen muchas posibilidades de que esté equivocada y te acabará voceando, desacreditando y demás. Y acabas la conversación pensando "Pero quien cojones me mandará a mi meterme en camisas de once varas. Con lo a gusto que estoy yo sin molestar a nadie."

Entonces la próxima vez, te pasa como a la intolerancia. Que ya estás vacunado contra el espanto. Así que, cuando empiezas a oir voces y gritos tanto de un lado como del otro acercándose, ni te molestas en recomendarles que resuelvan sus diferencias hablando. Te coges tu café y tu periódico, y desapareces un tiempo. Ya se cansaran de hacer el gilipollas y podras volver de nuevo a tu rincón de tolerancia. Aunque siempre te quedarán los sarpullidos.


14 de mayo de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 165 - Conversaciones

- No lo sé.
- Claro que lo sabes.
- En serio, no lo se.
- Mientes.
- ¿Cómo vas a saber tú mejor que yo lo que se o dejo de saber?
- Porque lo leo en tus ojos.
- No digas bobadas.
- Dios me libre.
- Si tú no crees en Dios.
-
Lo que crea o deje de creer no es tema principal en esta conversación. Estábamos hablando de ti.
- Déjalo ya, ¿quieres?
- No.
- No era una pregunta.
- Pero me lo has preguntado.
- Eres odioso.
-
Lo sé.
- ¿Y por qué no procuras dejar de serlo?
- No me apetece.
- ¿Te gusta ser odioso?
- Me gusta ser odiado.
- ¡Venga ya!
-
Todavía no me has dicho lo que sabes.
- ¡Qué pesado! No te lo pienso decir.
- No hace falta. Ya lo se.
- Que me olvides.
-
Jamás te haría semejante falta de respeto.
- ¡¡¡Ahhhh!!! Te odio.
- Y yo te quiero.

1 de mayo de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 152 - La palabra más bella del castellano

Recientemente, y como muchos de ustedes ya sabrán, se ha llevado a cabo una votación internaútica en cierta página de caracter literario (www.escueladeescritores.es , para ser más explícitos) cuyo fín era el de encontrar, a través de las opiniones de los votantes, la palabra más bella del castellano. Jamás me había parado a pensar en ello, pero en cuanto empecé a recordar palabras que poseyeran cierta belleza vinieron a mi cabeza docenas de ellas, bien por su significado, bien por su sonoridad o por una mezcla de ambas. Y comprendí que, quedarme con una sóla iba a ser harto complicado.

Libertad, paz, esperanza, hombre, pensamiento, susurro, vida, esencia (buscando la), sueños, mujer, corazón, fantasía, princesa, ternura, universo, utopía, sentimientos, azahar, belleza, mar, amistad, amor, beso, lágrimas, melancolía, sabiduría, verdad, sonrisa, libélula, dulzura, felicidad, soñar, existencia, lapislázuli, armonía... Y las que me dejo en el tintero.

Y entonces llegaba el dilema. ¿Con cuál me quedo? Y al final llegué a la conclusión de que jamás podría elegir una entre todas, porque cada día, cada momento, mi elección habría sido distinta, acorde a mi estado de ánimo o a mis pensamientos. Y comprendí también que, aunque nos esforcemos por ello en muchas ocasiones, la belleza no se selecciona, se admira.

Pero en este caso si que se intentó seleccionar, y la palabra más escogida fue amor. Amor. Que sería el mundo sin él. Que sería de nosotros sin él. Que sería de las canciones de los 40 principales sin él. Pues, posiblemente, no existiría ni el mundo, ni nosotros, ni los 40 principales; o al menos no merecería la pena que existieran. Según la R.A.E., amor es: "sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien". Pero según los interesados, el amor no se puede describir, y todo intento de hacerlo con palabras será frívolo y muy alejado de los sentimientos. La verdad, yo no me imagino diciendo a mi amada en vez de "te amo con locura" un "te tengo un gran sentimiento de afecto, inclinación y entrega". Porque el amor no deja a nadie indiferente, el que no lo ha probado, por su deseo a probarlo; y el que si lo ha hecho, por su sabor dulce y amargo a la vez.

Y volviendo al tema de las palabras, yo mencionaré dos. Melancolía, porque es un sentimiento que me ha acompañado en numerosas ocasiones, que expresa una bella tristeza y que posee una bonita sonoridad; y esencia, porque tiene un significado profundo, es algo fuera de nuestro alcance pero que da sentido a todas las cosas, es lo que queda debajo de todos los disfraces, y que tiene también una bella sonoridad.

"Amada existencia, melancólica esencia"