14 de septiembre de 2008

Deudas

Tengo deudas. Algunas las cobraré. Otras no. Algunas las pagaré. Otras no. Dejemoslo en que confío en la justicia divina y/o universal

Tengo cosas decir. Muchas cosas que decir. Algunas las diré. Otras no. Algunas (muchas) me las callaré. Otras no. Dejemoslo en que confío que esta estúpida vida, con ese instrumento de mierda que muchos llaman destino, se encarge de poner a cada uno/a en su sitio.

Existen tantas cosas en el mundo por resolver, tantas preguntas por responder, que no merece la pena ni resolverlas ni responderlas. ¿Para qué?, nuestra vida nunca será completa, ¿verdad? Ya no es que no vaya a desentrañar los misterios del cosmos, es que seré incapaz de responder a preguntas básicas sobre mi propia existencia. Ergo mi vida será incompleta. Por mucho que haga, por mucho que viva, mi vida nunca será completa. Curiosa observación.

Leo esto y veo que es lo mismo que vengo (me vengo) repitiendo día a día a día. Muy bien, cambiemos el discurso.






O mejor no, que luego me llaman misántropo (o sociópata). Vale, me lo llamo a mi mismo (lo de sociópata no), pero es que...





Que os den.

18 de marzo de 2008

samelborP

Escribir me mantiene despierto. Juraría haber leido esto en alguna parte. No importa, dudo que aquí vengan a pedirme derechos de autor. No importa nada, simplemente yo y mis pensamientos. "Yo y mis circunstancias", que dirían Ortega y Gasset. Hoy escribo a oscuras, con la luz de fondo de una de las farolas de la calle, no vaya a ser que me pillen in fraganti sobre el cuerpo del delito. Que mundo este. Que mundo en el que, para escribir, para buscar la esencia de la vida, tienes que estar a oscuras, de madrugada, temiendo que alguien te eche la reprimenda por hacerlo. A donde hemos parado y a donde vamos a parar. En fin.

Tengo un problema. Un serio problema. Sé que lo tengo, luego ya es un avance. Y es que no sé quien soy. Jodido problema. ¿Por qué no podrían ser las cosas más fáciles? De todas maneras, he trabajado mucho en ello (miente, miento) y he reducido las posibilidades a 2 (dos). Soy un genio o soy un imberbe. En realidad, ni soy un genio ni soy un imberbe (otro paso adelante), simplemente, me encuentro en ese intervalo. Lo cual, efectivamente, me deja en el mismo sitio. Pero nunca está de mas reafirmar los pilares.

El problema es, a fin de cuentas, matemático. Por que, a fín de cuentas, todo en esta vida se reduce a las matemáticas, le pese a quien le pese. Es decir, se reduce, en este caso (caos) en particular, a longitudes de intervalo. Probablemente exista una palabra científica mucho más profunda para determinar esto que intento decir, pero ni la sé ni voy a buscarla. Es decir, en un intervalo de, por ejemplo, 25 (veinticinco) puntos o estados, se qué no soy ninguno de los extremos, luego quedarían 23 (veintitres) opciones distintas, algunas de ellas los suficientemente próximas a los extremos como para ser consideradas dentro de ellos. Esto mismo se podría aplicar con cualquier número. Y eso mismo, es un problema.

El otro problema (por que según escribo llego a la conclusión de que no hay uno, sino dos problemas superpuestos) es si consideramos un intervalo de solo 2 (dos) estados. A semejanza del lenguaje binario de los ordenadores: 1 (unos) y 0 (ceros). Es decir, ¿soy un genio o un imberbe?, ¿soy un 1 (uno) o un 0 (cero)?

¿Cual es, entonces, la opción correcta? Pues, creo que cojo el comodín del público. Y de hecho, esto último podría retorcerlo lo suficiente para hacer una tesis doctoral, pero no es el momento. Dejemosla en una sonrisa (la que estoy poniendo ahora) y una de mis frases típicas: "la gente es tonta".

P.D. Anoche soñé con ella. Creo que era rubia. O tal vez morena. Sus ojos eran tan azules como el color del cielo en primavera. O tal vez fueran de un verde esperenza intenso. Tal vez fuera de aquí, o, ¿quien sabe?, quizás fuera de allí. Que más dá. Lo que si sé es que no tenía nombre. Era mi princesa. Simple y llanamente. Era la heredera de mi reino. Pero ¿sabeis que era lo peor de todo? En efecto, que sólo era un sueño. Tal vez, en el fondo, sea esa la verdadera forma de vivir. Tal vez sea en los sueños donde realmente seamos felices, y lo que hoy por hoy llamamos vida no sirva más que para quemar minutos entre sueño y sueño. En fin. Tal vez debiera pegarme un tiro para así poder soñar en paz y sin interrupción hasta el final del cosmos. Tal vez me confundiera hace muchos días y unas cuantas entradas, al afirmar que "amor" era la palabra más bonita del diccionario. "Soñar" es... algo diferente... Tal vez debiera dejar de escribir e irme a soñar, o al menos intentarlo. O tal vez debiera ponerme a caminar, sin ninguna idea concreta, simplemente caminar e irme lejos, más allá de donde jamás imaginé llegar. Tal vez... Tal vez debería ponerme a llorar... Tal vez.

2 de junio de 2007

Era inevitable

Lo era. Lo sabía desde que escribí la última entrada. De hecho, apuesto que lo sabía desde mucho antes, pero no quería decímerlo, no vaya a ser que me enterara. No podía decir adiós tan simplemente a una de las mejores cosas que había (he) hecho en los últimos años. Sólo necesitaba pensar (¡¿más?!), escucharme un rato.

Así que heme aquí. Estoy un poco desentrenado, en baja forma. Pero, sin embargo, todavía tengo muchas cosas que decir. No digo demasiadas, porque nunca se tienen demasiadas cosas que decir, otra cosa es que se digan demasiadas. Yo contaré algunas, me guardaré otras y del resto ya hablaremos. De momento he vuelto a casa, he descansado un poco de mi pequeña aventura. He repuesto las fuerzas y he vuelto a llenar mi mochila para reemprender la Búsqueda. Para continuar haciendo aquello que nunca dejé de hacer.


Desde el umbral de la puerta, con la vista puesta en el horizonte, las ganas de reemprender el viaje se multiplican. Todavía no se qué camino escoger, y la verdad es que nunca lo sabré con certeza. Por ahora me conformo con salir, con haber vuelto. Hoy digo de nuevo "Hola" y me preparo para la etapa de mañana. Porque el camino se presenta largo y tedioso, sobre todo, muy largo. Me froto las manos y... Adelante.


P.D. No, no lo he olvidado. Éste seguirá siendo mi Cuaderno de Bitácora, y hoy el día 548.

30 de enero de 2007

Cuaderno de Bitácora, Día 426 - "C'est finí"

Curioso. Mi último comentario comenzaba de la misma manera que el título del de hoy. Premonición, casualidad o, simplemente, intuición. Todas las cosas tienen un principio y deberían tener un final, aunque no vivamos para verlo. Y aquí me vais a permitir desviarme un momento del camino. Todas las cosas tienen un principio, y, aunque una cosa sea principio de otra; la primera tendría que tener un principio. Creo recordar que Santo Tomás dijo algo parecido. Es decir, si todo tiene un principio, y ese principio a su vez debe tener un principio y así sucesivamente, entraríamos en un bucle infinito. El bueno de Tomás ponía a Dios como idea creadora de todo, es decir, como principio. A partir de Dios, todo. Y antes de Dios, nada, pues Dios ya era todo.

La segunda tesis es la de la ciencia, que remontándose hasta atrás llega al Bing Bang. La pregunta es la misma que con Dios: ¿y antes? Antes nada. El Bing Bang significó el origen de todo, del espacio y del tiempo. De esta manera, no cabría preguntar que había antes porque no existía el antes. Ésta es más rebuscada, a mí me gusta más.

Pero si hay algo que tienen en común ambas tesis es que la explicación de nuestro origen, sea cual sea de las dos, está fuera del alcance de nuestro entendimiento. Porque tal y como hemos evolucionado, y tal y como está desarrollada nuestra mente es imposible que concibamos o bien un ser todopoderoso, creador, atemporal, omnipotente y omnipresente como Dios o que lleguemos a creer que hubo un momento en el que el tiempo, simplemente, no existía. Y cualquier otra teoría que pudiera surgir en los próximos años tendría también connotaciones que escaparían a nuestra propia razón.

¿Cuál es el problema entonces? Que todavía no somos lo suficientemente inteligentes como para entender nuestro propio origen. Que todavía nuestra forma de ver el mundo no admite conceptos infinitos como podría ser Dios, el espacio o el tiempo. Y eso es una gran noticia. Porque significa que todavía nos quedan cosas realmente importantes que descubrir, que todavía tenemos terreno por evolucionar.

Si intentásemos colocarnos en el papel de uno de los primeros hombres, allá por la zona de Mesopotamia hace miles de años, jamás llegaríamos ni siquiera a imaginar una mínima parte de todas las cosas que hoy consideramos comunes, como la electricidad o lo que conocemos del Espacio. Y si en 10.000 años hemos conseguido todo esto ¿qué no seremos capaces de avanzar dentro de otros 10.000 años? Yo por lo menos intentaré poner mi granito de arena para que podamos ser mejores en el futuro.

Y dicha ésta disertación filosófica, aplicable al cambio de orientación drástico que he tomado este año, me despido. He estado reflexionándolo mucho tiempo y creo que ha llegado el momento de decir adiós. Han sido muchos buenos ratos los que he pasado escribiendo en este mi rincón, cultivadores pensamientos, bonitos recuerdos, grandes frases, emociones... Unas veces he podido expresar lo que pensaba con mayor claridad de la que me creía capaz y otras sin embargo he sido incapaz de dar con la tecla exacta, pero no por ello la melodía queda desafinada. Ha sido una actividad muy enriquecedora y, sin lugar a dudas, hoy puedo asegurar rotundamente que soy mejor persona que hace 426 días. Y eso es el mejor objetivo al que se puede aspirar.

Lo primero que haré será recopilar todos los artículos que he escrito. Tal vez los imprima y los guarde en algún cajón de mi habitación, a mano para poder recordarlos en cualquier momento. Y luego a mirar hacia adelante, hacia el futuro. Me gustaría embarcarme en nuevos proyectos en los que poner toda mi ilusión. Incluso, ahora que escribo estas últimas frases, me ha entrado cierta morriña y puede que vuelva, algún día. Quien sabe. Los caminos del Universo son inescrutables.

Y para finalizar, deciros que la esencia de la vida la encontré hace tiempo, pero aun sigo buscándola. Porque precisamente es ésa la esencia de la vida, su búsqueda. Como ya he dicho, este blog me ha ido haciendo cada día mejor persona, reflexionando, planteándome dudas, creciendo. Y esa es la verdadera esencia, el ir mejorando día a día. Lo que nos hace felices y libres a la vez. Porque todo aquel que no la busque jamás la encontrará, y sin embargo aquel que se decida a ir en su búsqueda ya la habrá encontrado. Por eso el título es tan paradójico: la esencia de la vida no es, ni más ni menos, que su simple búsqueda. No tiene un principio ni un final, y es infinita. No tiene límites. Si no me creéis, probad a buscarla. Total, probar es gratis...


Ha sido todo un placer. Yo ahora me marcho de aquí, pero sin duda, lo que no dejaré de hacer nunca es seguir ...

BUSCANDO LA ESENCIA DE LA VIDA

30 de diciembre de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 395 - Balance Anual. Cuenta de Pérdidas y Ganancias

C'est finí. Otro año toca a su fin. Apenas dos hojas del antiguo calendario (si es que no lo habeis relegado ya al ostracismo) atestiguan los últimos coletazos de este 2006. A su lado (en mi casa debajo, en la vuestra no sé), el calendario del 2007 espera inquieto su momento, pulcro, limpio, a estrenar. Porque (y se que ya lo dije en su momento hace trescientos sesenta y pico días, pero es que me gusta repetirme) ¿que es el cambio de año sino un simple cambio de calendario? Sin embargo esta el tiempo lo suficientemente caro como para malgastarlo en inútiles debates sobre el establecimiento de la periodicidad anual. Así que simplemente me limitaré a aceptarla porque, a fin de cuentas, todo momento es bueno para pararse un momento a reflexionar echando la vista atrás.

El año que nos deja ha tenido para todos sus aventuras y desventuras, sus cosas buenas y sus cosas malas, sus caras y sus cruces; incluso si me apuras, alguna tirada cayó de canto. Y en lo que a este rincón respecta, este año ha significado su vida, su desarrollo, su plenitud. A primeros de més cumplía un año, pero quise retrasar el aniversario hasta este final del año con el mero proposito de darle el regalo de cumpleaños y el de navidad en uno sólo.

De este rincón he podido hacer lo que en muchos casos habia deseado pero que nunca me habia decidido a hacer. Y fue a raiz de los blogs y su "boom" cuando acepté la responsabilidad que ésta actividad presupone. Sin duda, un gran acierto. Desde aquí he podido desahogarme, dar a conocer una pequeña parte de mis pensamientos, divertirme y, sobre todo y lo más importante (siento el ejercicio de egoismo), conversar conmigo mismo. Hoy releo los artículos y recuerdo lo que pensaba en ese momento, la situación que me llevó a escribirlos, lo que sentía. Veo como poco a poco he madurado, algunas veces a mejor y otras a peor. Pero sin lugar a dudas, este sitio en sí mismo me ha enseñado a ser mejor persona, a ver las cosas desde otra perspeciva.

Aquel 1 de Diciembre, un examen sin mucha importancia (una verdad que nadie se ha atrevido a deciros es que ningún examen tiene mucha importancia, y yo no voy a ser distinto del resto, xD) y mi tremenda disposición al N0-estudio hicieron que acabara por aquí (antes yaycos). Lamentaba no poder escribir un buen ensayo (hoy lo que lamento es no saber escribirlo) sin embargo acerté en la función vital de este lugar: pensar.

A partir de entonces, muchas historias, muchos pensamientos, demasiadas (o tal vez pocas) reflexiones. Acabo de gastar el tiempo de hoy echándoles un vistazo y los cantos de sirena de la almohada son demasiado seductores como para no hacerles caso. Mañana (espero) continuaré con este amago de resumen; que, a fin de cuentas, no viene a ser más que una reflexión de reflexiones. Pensadlo. Y mañana me contais.

9 de diciembre de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 374 - Jodido Blanco. Demasiado Negro

Estoy borracho. No lo digo yo, lo dice mi foto de la comunión. No se está quieta, y como todavía tengo la suficiente capacidad para deducir que, a día de hoy, las fotos no se mueven, pues deduzco que estoy borracho. Claro, ustedes dirán "¿Y cómo sé yo eso?". Pues tienen que creerme (espero que todo este año juntos haya sido suficiente), amigos, porque desconozco la manera de demostrarlo.

Tenía ganas de escribir así. Borracho, me refiero. Dicen que los borrachos y los niños nunca mienten. Mi niñez queda un poco lejos (aunque no tan lejos como la de la mayoría de la gente); así que la única manera de soltar verdades como puños es bebiendo como un perro. Como hoy. No es que fuese éste mi objetivo principal en la noche de hoy, pero dadas las circunstancias, pues aquí estoy.

Estoy un paso por delante vuestro. Incluso me atrevería a decir que un paso no, una zancada. Por delante o por encima, o ambos, según como lo queráis ver. Y cuando digo vuestro digo vuestro (de vosotros) y de toda la gente en general (salvo cuatro contados de los cuales tres no conozco). No porque sea más listo (que lo soy) sino porque se ver las cosas mejor (y cuando digo ver, no me refiero sólo a los ojos). Entiendo el mundo de otra manera. Soy capaz de plantearme dudas que ni siquiera vosotros llegaríais a entender y de comprender cosas que jamás habéis escuchado. Desarrollo argumentos más poderosos y consistentes, y consigo encontrar caminos que pasan desapercibidos a vuestra vista inexperta e inútil. De verdad. Tachadme de vanidoso si así dormís más tranquilos.

Sin embargo, en un análisis más exhaustivo descubro que estoy una zancada por detrás. Ni mayor ni menor que la de antes; igual. Y lo que antes utilizaba en vuestra contra cambia de dirección como la brisa marina para volverse en contra mía. Cuanto menos curioso, ¿no? La respuesta, fácil: diferentes formas de ver el mundo. Demasiado simple, pero demasiado acertado. Y ahí no tengo el suficiente conocimiento razonado de los hechos como para decidirme entre una y otra, aunque muchos de vosotros lo harías sin pestañear; metiéndoos en barrizales suficientemente grandes para hundiros con vuestra jodida arrogancia. No existe una manual que nos indique el mejor camino a elegir en esta perra vida. Y por mucho que queramos, apuesto a que nunca lo habrá (y tal vez sea bueno que no lo haya).

Por eso, tenemos libertad para elegir. Elegir por donde queremos meter la pata. Vosotros habéis elegido la V-30 (la V es de Vida), yo prefiero un camino de tierra. Vosotros os encontrareis con atascos, pues todo el mundo piensa como vosotros y vosotros pensáis como todo el jodido mundo. Yo me encontrare con barro, demasiado para mi gusto. Mi forma de ver la vida es mejor.

Sin embargo, no puedo demostrarlo y admitir categóricamente que una cosa es mejor que el resto sin pruebas evidentes que lo corroboren se sale de mi modus operandi. Y de todas maneras, ¿que iba a cambiar? Mañana el mundo seguirá siendo el mismo (la misma mierda de todos los días). Porque todo se reduce a dos puntos de vida, dos simples ideas. Vuestro (jodido) blanco y mi (demasiado) negro.


P.D. Tenemos que hablar. Dime, ¿de verdad la vida merece la pena?

...

19 de noviembre de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 354 - "Una nueva vida"

Fallecí. Si señores, morí. Abandone este mundo ya hace unos cuantos días. La verdad, no fue tan traumático como mucha gente se piensa, es más algo repentino. Tu estás tranquilamente sentado y de repente, "pum", te mueres. Simple pero efectivo. Muy efectivo. Sin embargo, a día de hoy, estoy vivo. No se vayan a pensar que están hablando con alguien del otro lado o que estoy loco (que también) o alguna de esas estupideces tipo "cuarto milenio". Que va. Lo que pasa es que resucité. Si, como Jesús. No, Jesús Gil no, Jesús el Cristo, el otro mejor que no aparezca por aquí. Y como soy mas chulo que un ocho, en vez de tardar 3 días en resucitar, lo mio duró menos de 1. Fue también instantaneo. Es decir, morí y acto seguido renací. Algo increible. Y ustedes se preguntaran : Alá (está politeista hoy la cosa) ¿Cómo es posible que este tío sepa y se acuerde de su propia muerte y su propio renacimiento? Y yo les diré dos cosas: la primera que ahora mismo no se estan preguntando eso, ya lo sé, pero como soy yo el que escribe pues respondo a las preguntas que me sale de los... cajones de mi mesilla.

Y la otra es que simplemente lo sé por lógica deductiva. Me explico: en los últimos meses, y con motivo de mi cambio de condición de simple estudiante a universitario, he venido escuchando en repetidas ocasiones eso de que iba a empezar "una nueva vida". De todas las formas y colores, de personas de todas las condiciones, pero siempre el mismo mensaje. Y de repente, "zás", un dia el mensaje cambió a "ya has empezado una nueva vida". Por lo tanto se deduce que:

1º Ha habido un punto de cambio o de transición de un mensaje al otro, pues este cambio no fue progresivo sino repentino.

2º El hecho de empezar una nueva vida requiere antes haber finalizado la vida anterior. Y, según los estudios que tengo (que son de escuela pública, ya lo sé, pero ésto si nos lo enseñaron) la única forma de que una vida se acabe es la muerte. Por lo tanto, morí.

3º La única manera que me han enseñado de empezar una nueva vida (en la misma pública de antes) es la del nacimiento. Y como ya había nacido una vez, pues esta vez lo que me tocaba era renacer puesto que ya había muerto con anterioridad de acuerdo a lo dispuesto en la segunda proposición.

Conclusión: Morí y renací cuasi-instantáneamente, pero claro, me llevé un chasco. Porque claro, tanta "nueva vida", tanta "nueva vida" yo pensaba: "joder, a ver si en esta tengo suerte y salgo un George Clooney o un Tiger Woods o una mezcla entre ambos..." incluso llegue a pensar "anda, mira que si en esta nueva vida salgo mujer...". Y entonces, cuando renací, fui corriendo a mirarme al espejo con toda la intriga de saber que me había tocado y... Joder. Otra vez él. Allí delante, mirándome, con el mismo chasco que yo. El mismo plasta de los últimos 18 años. Nos lanzamos una mirada de aburrimiento y el me dijo "y lo que nos queda..." Vale lo de vivir en una casa nueva, en una ciudad nueva, rodeado de gente nueva y todo lo nuevo más que querais ponerme alrededor, pero, joder, ¿se puede considerar nueva una vida cuando delante del espejo sigues teniendo al mismo gilipollas que te ha estado siguiendo toda tu jodida existencia? ¿Qué tiene eso de nuevo? Porque yo a él le veo igual, igual de gordo, igual de feo e igual de coñazo (y supongo que el aprecio será mutuo). Sigue pensando lo mismo que antes y sigue hablando de la misma manera, incluso sigue con los mismos proyectos que tenía antaño. Así que qué mierda de nueva vida. Los... cajones de mi mesilla (la misma de antes, no, ahora es la de mi otra cama). No os hagais falsas esperanzas: la vida siempre será la misma, y de nueva nada sino más vieja cada vez. Y si volveis a oir algo parecido, recordad al Doctor House: "Todo el mundo miente".


26 de agosto de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 269 - La vida es un cuento del que ya conocemos el final

Que curioso. Hoy estoy cínico. No se porque y, lo que es peor, nunca he entendido demasiado bien que significa exactamente la palabra "cínico". Así que se que estoy algo que no se lo que es. Esta última frase, así, de sopetón, tiene su "intríngulis" (otra palabra que ni siquiera se si existe, me vendría bien un paseo por el diccionario) pero en el fondo es una de las cosas mas naturales que nos podemos encontrar. "Saber sin saber". Me gusta. Incluso podría retorcerla un poco más: "Saber sin saber siquiera lo que se sabe". Y si sigo retor... No. Mejor que no. Así está bien. Incluso parafraseando a uno de los más sabios: "No se que no se nada". ¿Veis como estoy cínico? (si, ya se lo que es, lo acabo de buscar en el diccionario). Os estoy diciendo a la cara que no teneis ni puta idea. Así, sin medías tintas. Odiadme por ello. Lo superaré.

En el fondo del asunto, nadie sabemos de nada. Pero de todas formas, ¿de que serviría? Sepas o no, todos vamos a morir igual, pudriendonos con el paso del tiempo. En esta vida, es lo único importante que debes de saber. Que la guadaña corta todas las almas por igual, seas bueno o malo, guapo o feo, listo o tonto. Puedes vivir de una forma o vivir de otra, pero, antes o después, alguién pulsará la tecla del punto y final. Así que ¿que cojones importa todo lo que pensemos, hagamos, digamos...? Yo os lo digo: nada. Una mierda. "Es que la vida...", "Vivir es muy bonito...", "Sólo se vive una vez" (¿eso no era una canción?), "No malgastes tu vida"... Bobadas. Chorradas. En la vida sólo existen dos cosas importantes que todo el mundo debe saber: la vida y la muerte. Intentad explicar ambos a alguien y descubrid la fustración de que, siempre, siempre, siempre, la destrucción es mucho más facil que la creación, hasta en las explicaciones.

P.D.1 - Probablemente me reprocharé a mi mismo por estas palabras, pero es frustante el que, día a día, la esencia de la vida se me escapa de las manos. Hoy no entiendo nada. Mañana volveré a encontrarmela al doblar la esquina y volverá mi sonrisa. Yo qué sé.

P.D.2 - Gregory Perelman. Quedaros con ese nombre y, si podeis, informaros sobre su vida. De verdad, merece la pena.

P.D.3 - "Intríngulis: Intención solapada o razón oculta que se entrevé o supone en una persona o en una acción". Ale, hoy ya sabeis una cosa más.


14 de agosto de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 257 - "Merci beaucoup", París

Me gustaría tener una especie de "pensadero", como el que posee Dumbledore en Harry Potter. Un invento que me permitiera guardar mis recuerdos como si películas se tratasen y después poder volver a verlos, nítidamente. Incluso grabarlos en formato DVD y añadirles comentarios del director. Sin embargo, y hasta que la tecnología diga lo contrario, hay cosas que son coto privado de la fantasía y tendremos que seguir viendo el pasado por imágenes susceptibles de cambiar o extinguirse con el paso del tiempo. Débiles fotografías sensibles a influencias posteriores e incluso al acto corrosivo y erosionador que, dicen, ejerce el alcohol sobre ellas. Y sin embargo, los recuerdos son lo más bonito y valioso que nos queda del pasado, al igual que los retratos en blanco y negro, amarillentos y desgastados, lo son en comparación con la nueva fotografía digital.

En la última comida familiar, mi tía se levantó y, con ese estilo hollywoodiense que tanto le agrada utilizar, como queriendo resarcirse de una utópica (no te enfades, tía) carrera de luces, cámaras y fama, pronunció, copa en mano, las siguientes palabras: "Familia, Andrés (su marido), las niñas y yo nos vamos a París". Lo primero, las risas provocadas por la pequeña de dos años al repetir varias veces, como un diminuto eco, "París, París, París", con ese estilo que sólo los niños son capaces de adoptar. Lo siguiente, comentarios, charlas, planes y consejos; muchos consejos. Entre ellos mi padre, al que en ocasiones no me parezco tanto como dicen, repartiendo de todos los tipos y colores "Deberías ir por...", "No dejéis de visitar...", "Si podéis, pasad por...", "Daros una vuelta por..." acompañado de una guarnición de anécdotas personales "Yo recuerdo cuando...", "Nosotros fuimos por...", "A nosotros nos...".

Entonces entró en el tema de Disneyland, porque todo el que va a Paris ha de ir obligatoriamente a Disneyland. Sería como ir a Madrid y no pasar por el Bernabeu. Ahí mi padre (o debería decir le parisien) suscitó la atención de la mayor, que tiene nueve años y, que como es normal, le atrae más el castillo de Blancanieves que el de Versalles o hacerse una foto con Mickey y cia que con La Gioconda y amigos. Sin embargo pronto perdí el hilo de la conversación...

París... Hacía ya 9 años y tenía, justamente, otros tantos. Como mi prima. En mi caso había sido como regalo de comunión. Mi padre intentó embaucarme una vez en una merienda con unos amigos suyos. Me llamó y, sabiendo cuanto quería un ordenador, me propuso un dilema moral. "¿Que prefieres?" dijo. "¿Ir a Disneyland París o un ordenador?". Le miré con esa cara de niño que decía "las dos cosas" y su mirada me respondió "sólo una". En voz alta añadió: "vete, piénsalo, y me lo dices". Y yo, sin moverme del sitio, le contesté: "ya lo sé". "¿Y bien?" "Ir a Disneyland París, porque un ordenador, antes o después, te será imprescindible y tendrás que comprarlo; sin embargo el viaje no." Mi padre me felicitó: "Buena respuesta, hijo. Iremos a París entonces" y, aunque el ordenador se hizo derogar cinco años, llegó. Y acerté.

Sin embargo hoy, cuando echo la vista atrás, mis recuerdos del parque son pocos y entre ellos el más abundante es el agua. Se tiró lloviendo la mayor parte del tiempo, así que las atracciones estuvieron pasadas por agua. Recuerdo un par de situaciones, como cuando no me dejaron pasar a una atracción porque, aunque sobrepasaba el mínimo, era por mis pelos de punta (de pequeño siempre iba con los pelos de punta); y otra cuando mi padre me recordó la teoría de la relatividad en la lenta subida de una montaña rusa: "Todo lo que sube tiene que bajar". La ciencia se llevó un punto aquel día. Lo demás, imágenes sueltas. Muchas de ellas, probablemente, añadidas con posterioridad con la ayuda de fotos e imágenes.

Es de la ciudad de la que más recuerdos tengo. La torre Eiffel, cuando no pudimos subir a lo alto del todo por un problema en los ascensores o cuando la vimos iluminada con un enorme cartel que marcaba, si la memoria no me falla, los días para el final del milenio. El Arco del Triunfo con la tumba al soldado desconocido (siempre creí que realmente habían enterrado a alguien en un lugar famoso sin saber ni siquiera su nombre). Los Campos Elíseos, la Madeleine, el Obelisco, El Bateau-Mouche por el Sena, la ribera del río llena, al igual que Montmartre, de pintores. Las cuestas de este barrio, la Basílica del Sagrado Corazón, su enorme campana en lo alto de la colina, el centro Pompidou de arte moderno, la visita a la ciudad iluminada. Notre-Dame, sus parques, sus torres, sus gárgolas, la estatua de un santo (no recuerdo cual) al que podías besar el pie y pedir un deseo, sus maravillosos y coloridos rosetones. También sitios que no pude ver y que me esperan en un futuro: el Cubo de la Defensa, el Palacio de Versalles y, sobre todo, el Louvre. "Eres demasiado pequeño" me dijeron. Mentira. Hay cosas para las que no se es demasiado pequeño. Es una espina clavada. Estuve a las puertas pero no. Era “demasiado pequeño”. Al menos tengo una excusa para volver.

Aprecie París todo lo que se puede apreciar con 9 años. Cuando miro para atrás, veo un París de 9 años. Aquella ciudad me enseñó mucho y la recuerdo con cariño. Le debo en gran medida parte de mi personalidad. Hoy soy el doble de viejo, he ganado en experiencia, en aprendizaje, en sabiduría. He llegado a un punto del que estoy orgulloso y he de darle las gracias a todos los que me han ayudado a llegar hasta aquí. Necesito volver, decirle gracias y aprender de cara al futuro, porque aun tiene mucho que enseñarme. "La ciudad de la luz" la llaman. Porque eso es lo que ha sido, una luz en mi camino. Merci Beaucoup, París.



18 de julio de 2006

Cuaderno de Bitácora, Día 230 - Jólibud

La vida es como una película. Cada uno grabamos la nuestra propia. Existen seis mil millones de películas rodándose en la actualidad. Muchas llegan a su final en este instante. Otras comienzan. Todos podemos ser protagonistas en nuestra propia película, y tendremos un papel secundario en las demás; bien con un papel importante, con un sola frase o simplemente saliendo como un extra. Y en muchas ni siquiera aparecemos. Cada una tiene un estílo propio, un genero. Parte de ese género se lo damos nosotros, los protagonistas; pero no todo. Porque en nuestra película, no somos ni directores ni guionistas. Aunque tengamos cierto poder para decidir el camino de la película, no podemos sentarnos detrás de las cámaras. Tenemos que estar delante.

Así que, el otro día, ante la nula perspectiva de la programación de la televisión, decidí coger el mando y ver algunas de esas películas. Y la oferta es variada. Al principio teníamos un par de insufribles dramas actuales, historias bastante insulsas y personajes poco profundos. También un par de comedias algo pasadas de moda, un film europeo (mucho plano y poco diálogo), una americanada de las de prota-chica-malo (aunque con ciertos pasajes salvables) y una de deportes, que, como en el celuloide, no tienen mucho éxito. De todas maneras, y a diferencia del cine, puedes ver varias a la vez.

Me encanta ver las reuniones de los protagonistas de éstas películas. La mayoría de ellos/as ordenan sus créditos por orden de importancia. ¡Cómo van a ser tan estúpidos de ceder a alguien el primer lugar de la lista en su propia película! Y no sólo necesitan hacer ver su protagonismo, también necesitan que se lo reconozcan: quieren el Óscar. Así pues, cada uno por su lado y Dios en todos, se esmeran en hacer una interpretación digna del premio. Pero no vale sólo con el Oscar al mejor actor/actriz principal. También quieren el Oscar al mejor actor/actriz secundaria. Así que, además de trazar un guión propio excelente y una actuación sublime; se esfuerzan por ganar puestos en los créditos de otras películas. Pero no en cualquier película, no. Sólo en aquellas dignas de ser nominadas por la Academia (nota irónica: como la de Platón, juas juas juas). ¿Para qué esforzarse en papeles cutre del cine independiente? ¿Te va a reconocer alguien eso? ¿Vas a llegar arriba con eso? Pues entonces...

Así pues ves a gente haciendo cuatro, cinco, seis... papeles a la vez llegando en pocas horas a haber actuado en decenas de películas. Impresionante. Digno de ver. De hecho es un pasatiempo divertido, cuando tengais un descanso entre escena y escena os recomiendo que lo probeis. Miras a tu derecha y ves uno de los dramas (que ya ha pasado a ser un melodrama) en un punto álgido, uno de esos diálogos antólogicos. Esa caracterización de los personajes, esa construcción lingüistica, ese uso de los giros y expresiones para enganchar al espectador. Esas emociones a flor de piel, los movimientos de los personajes. Ni Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casablanca. Tanto es así, que echas en falta la música y la pones tu mismo. Cuando acaba la escena te das cuenta de que has puesto Memorias de África, pero que se le va a hacer...

Con lágrimas en los ojos debido a la emotividad de la escena, cambias de canal y miras hacia la izquierda. Un grupo escucha atento a un actor, sentado un metro por encima de ellos. Recuerdas haber visto antes esa escena: Marlon Brando en el Padrino. Pones un "le haré una oferta que no podrá rechazar" en labios de aquel hombre y, esta vez sí, aciertas con la banda sonora. Sin embargo te quedas a la mitad. El grupo se revela y el hombre ha de bajar de su atril. Lástima, prefería la de Coppola.

Haces zapping y no encuentras gran cosa. El film europeo sigue poniendo planos y poco diálogo. De las dos comedias, una está algo parada, su protagonista está mas concentrado en un par de papeles secundarios que ha de pulir; la otra sigue su curso. De los dramas, uno es rechazado al momento, demasiado insufrible. El otro aparece con tintes cómicos, sobre todo con la aparición estelar del prota de la americanada en un papel secundario, de cierta relevancia. Sin embargo los diálogos han perdido gran parte de su profundidad y ahora se tornan aburridos.

Vuelvo a hacer zapping, esperando encontrar algo nuevo. De repente, en uno de los canales, algo fugaz. Una gran película, una película que gana interés con el paso del tiempo. Una película con un guión que nadie conoce. Una película en la que tuve (tendré) un pequeño papel secundario y en la que alguna vez me tocará saltar delante de las cámaras a representarlo. Pero aún no. Esto simplemente era un anuncio. En el canal de la europea. Una lástima, tenía ganas de ver esa película. Me gustaba. Ojala la echen pronto.

Vuelvo al melodrama (al interesante, el otro acabó con un inquietante "Continuará", tan inquietante que ni siquiera estoy seguro de si salió o simplemente lo estoy imaginando). Ahora adquiere tintes de comedia adolescente americana. Me rio. Sólo falta un asesino en serie. Sin embargo pierde emoción con prontitud. El resto de la noche, poco cine. El fin de los dramas, la policia en una de las comedias, la americanada continua con ciertos tintes europeos, el film europeo (coño, ¿y el film europeo?) y poco más. Sólamente el final de una sueca, enrevesado guión, diálogos simples y confusos, situaciones dispares... No, no me llama.

Así que apagué la tele y me volví para casa. El balance no había sido del todo malo. Había visto escenas buenas, con grandes interpretaciones. Ninguna de Óscar, pero seguro que mejorarían en un futuro. También había habido coñazos insufribles. Películas que te dejan indiferente. Es lo que tiene el ver cine en directo. Ahh, y sobre todo, una conclusión. Los títulos de mi película serán por orden de aparición. Amen.